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"Corazones blindados" de Pilar Narváez Garzón

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Combatían zamuros. El olor de la carne fresca sobre las calles a metal húmedo oxidado, el sudor, la tierra, las lágrimas encubiertas las emociones secas de niños con corazones blindados. Crecieron amando a sus hijos sin permitirles  ---------------------------------------- Redes de la escritora: https://instagram.com/pilinarvaezg ------------------------------------------- Si te gusto este texto, seguro te van a gustar estos: "Mi yo trivalente" (caligrama) de Pilar Narváez Garzón   Traducción de "El corazón que ríe" de Charles Bukowski, por Pilar Narváez Garzón

"Perro negro" (cuento) de Guido Quaglia

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T odas las noches es igual, el perro negro se sienta afuera y me mira. Me envidia, quiere estar bajo mi techo y dormir sobre mi cama. Apoyo mis pies desnudos sobre el piso del living, siento la tierra mojada. Vivo dentro de un gran elefante marrón, un titán de barro. Hay un pequeño compartimiento en mi mesa de luz, donde vive un cardenal. Canta cuando se va el sol, y a la mañana me despide antes de salir. Auguro, con miedo, un día, despertarme entre plumas rojas, y una negra sonrisa afilada. Redes del escritor: https://instagram.com/gpquaglia  Leé más de sus textos en su blog  http://luminografias.wordpress.com

"Borges y yo" de Jorge Luis Borges

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  Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y solo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro....

"Mi grito" (caligrama) de Aida Romero

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