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"La inundación" de Adriana Insaurralde

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En la década de los setenta, en un barrio obrero de casas bajas entre Gerli y Sarandí, transcurrió mi niñez. Vivía en la casa de mis abuelos con mis viejos y mi hermana, ahí conocí la inundación. Y aunque no lo crean, los recuerdos que tengo de niña de esta situación siempre traen alegría.  Con cuatro gotas locas, lo primero que se interrumpían eran las clases,  porque la escuela estaba en la zona más baja del barrio. Sacándonos de las rutinas escolares, nos poníamos en acción con todos los rituales hogareños que la inminente lluvia traía. En todas las viviendas había bolsas de arpillera llenas de arena, las colocábamos en las puertas para atajar la creciente, y los ladrillos a los costados de la heladera y las camas, esperando a ser usados. Una línea negra marcaba en las partes bajas de las paredes, hasta dónde subió el agua la última vez. Esto era lo habitual de nuestras vidas cotidianas.  Y para los pibes del barrio, era una la oportunidad de tener juegos acuáticos. En...

"Inminencia" de Alejandra Pizarnik

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  Y el muelle gris y las casas rojas Y no es aún la soledad Y los ojos ven un cuadro negro con un círculo de música lila en su centro Y el jardín de las delicias sólo existe fuera de los jardines Y la soledad es no poder decirla Y el muelle gris y las casas rojas. ---------------------------- Si te gusto este texto, seguro te van a gustar estos: Traducción de "El corazón que ríe" de Charles Bukowski, por Pilar Narváez Garzón "La sangre", poema de Tomás Araya  

"Miedo a la eternidad" de Clarice Lispector

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  Cuando era pequeña, todavía no había probado los chicles y en Recife se hablaba poco de ellos. ¿De qué tipo de caramelo se trataba? El dinero que tenía no alcanzaba para comprarlos, y con esa misma cantidad podría conseguir un montón de dulces. Finalmente, mi hermana reunió el dinero, los compró y, al salir hacia la escuela, me explicó: —Ten cuidado de no perderlo, porque este caramelo nunca se acaba. Dura toda la vida. Yo estaba atónita: había sido transportada al reino de las historias de príncipes y de hadas. Cogí el pequeño chicle rosa que representaba el elixir del largo placer. Lo examiné. Casi no podía creer en el milagro. Con delicadeza, acabé por metérmelo en la boca. —Y ahora, ¿qué hago? —pregunté, para no equivocarme en el ritual que seguramente había. —Chupa para ir notando el azúcar y, cuando se acabe, empiezas a masticarlo. Y entonces sigues masticando toda la vida. A no ser que lo pierdas, yo ya he perdido varios. Perder la eternidad. Nunca. El azúcar del chicle er...

"Putos números primos" de Gabriela Roldán

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  Menos el 2, seguro son primos hermanos. Puto el 5, porque cuando me compre media docena de platos, se me rompió uno y no pude dormir. A nadie le importaba, yo sabía que me faltaba uno. Puto el 53, el bondi que todos los días me tomo para ir al trabajo y si elijo el tren, tiene 7 vagones, así que puto el 7 también. Puto el 19, pero salgo media hora antes del trabajo para no verlo en el reloj. Puto el 43, que padecí un año hasta que cumplí los 44. Puto el 97, aunque fue el mejor verano de mi vida. Puto el 89, son mis contactos de WhatsApp y puto el 41, la gente que mira mis estados. Puto el 73, mis publicaciones de Instagram y puto el 389, mis seguidores . Pero puto y más puto es el 13 por ser mi número favorito. ------------------------------------------------------------------------------------ Si te gustó este texto, seguro te van a gustar estos: "La paciencia de Carlos" de Gabriela Roldán "Se vende"-Frank Gavidia